Cuando se asume como natural la desigualdad es donde se pierden las esperanzas. Bajo la popular frase «e’ que eto aquí ta’ cogiendo valor». En realidad no está tomando valor, se gentrifica que es diferente.

Para definir la gentrificación es el proceso mediante el cual el espacio urbano deteriorado se reconstruye y se pone «de lujo» incrementando sus costos. Eso se traduce a quienes vivieron ahí antes ya no puedan acceder a estar ahí. Es una desigualdad que da valor a los espacios y segrega a las personas.

Es tan normal la desigualdad que las personas empobrecidas se asumen como que naturalmente nacieron así y merecen estar así.

En América Latina son los más pobres quienes pagan más impuestos, como lo explica el artículo: Estudio: Pobres son los que más pagan impuestos en América Latina. Pone en manifiesto:

Cuando se debería tributar proporcionalmente más la renta y el patrimonio. Puesto se revisan los privilegios tributarios frecuentemente concedidos a la porción más rica de la sociedad. En ese grupo están las grandes empresas trasnacionales. Estos elementos son los que caracterizan la regresividad de los sistemas tributarios en América Latina.

Lo que quiere decir que no hay una justicia fiscal sino más bien una forma enmarañada de hacer que un lugar tome «valor» socacabando la asequibilidad de cualquier inmueble. Se convierte en una ciudad segregada espacial y socialmente. La gentrificación produce una exclusión involuntaria y asumida como natural de los seres humanos.

Por lo que se favorece la desigualdad, clasificando de nuevo los antiguos barrios como nuevo status. Es desplazar la clase popular por la clase alta.

Las ciudades asumen la desigualdad como algo «natural»

Es así como explica la antropóloga brasileña Teresa Caldeira en su libro: «La ciudad de los muros«. Pues los más dinerados o clase media alta cierran su parte de la ciudad para excluirse de los más pobres.

«La mayor segregación ocurre cuando se separan los ricos».

Expresa la antropóloga

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